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viernes, 27 de febrero de 2026

Cómo sobrevivir 50 años al asedio amoroso, la jerarquía social y el control de grupo

El que quiera entender, que entienda, y el que no, que siga en su redil.

Es la síntesis perfecta para exponer cinco décadas de resistencia sobreviviendo con lo mínimo frente al clan y el estercolero.

No hace falta explicar nada a quien ya fue derrotado por mi silencio con la fuerza de un directo al mentón.

Los 50 años de asedio hacen referencia a las que usaron como táctica amorosa la barriga, el embarazo.

Acabaron tragando su propio veneno al ver que no pudieron encerrarme en el redil.

Confronté el sectarismo de barrio, esos grupos que actúan como una unidad para castigar a los que no se someten.

A las matriarcas por el uso que las hijas dieron a la madre, como herramienta de asalto para forzar mi compromiso.

La validación cruzada de los grupos de amigos para medir mi reacción y guiar mi introducción en el redil.

Sin embargo yo soy el intruso inmune que conoce los secretos.

El que ha estado en sus camas sin formar parte en su red de favores.

La decadencia del estatus que sufren ahora el batallón de mangurrinas que no pudieron controlarme, me hace reír.

La indiferencia soberana de mi silencio ante las emboscadas, no fue solo no volver a hablarles, sino negar la existencia de su autoridad.

Mi éxito al no dejar que los clanes familiares marcaran mis pasos.

Sobrevivir a la jerarquía social implicó entender que su control de grupo termina donde empieza mi indiferencia.

Ni el sexo usado como anzuelo, ni la madre usada como juez, tuvieron poder sobre mí, porque nunca reconocí el estercolero como hogar.

La artillería social y el peso de la endogamia grupal. 

Esos amigos y mujeres que se intercambian entre ellos en el mismo círculo viciado.

Asedio matricéntrico para definir esas emboscadas con la madre presente, al fin de someterme como hombre.

Los tentáculos familiares bajo presión ejercidos por los clanes o grupos cuando la seducción individual falla.

La fachada del estatus que defienden las "señoras" del barrio mientras ocultan su historial amoroso con muchos vecinos.

Los peones de la validación moviéndose sobre el tablero de ajedrez.

Esos "amigos" que se declararon en mi cara solo para que mi amante se sintiera poderosa frente a mí.

El cepo del parentesco, el intento de meterme en el redil mediante la familia o el compromiso forzado.

El acoso de baja intensidad que hacen las mujeres tras la actividad sexual insinuando un embarazo.

Sobreviviendo a 50 años para no ser devorado por los clanes y la endogamia social.

Sobreviviendo fuera del redil, al fracaso matricéntrico y la caída de los peones del grupo.

Supervivencia frente al estercolero tras 50 años de emboscadas familiares, jerarquías de barrio y falsas señoras.

La emboscada que sufrí a los 35 años define ese momento en el que intentaron la expropiación de mi identidad 

El silencio selectivo fue mi gran arma. 

La decisión de no hablarles repercute como una retirada del reconocimiento diplomático. 

La inmunidad definió que no reconociera el rango de la "matriarca" ni de la "reina del barrio". 

Eso las desquició.

No es una crítica estética sino el último suspiro de un clan derrotado. 

Tras 50 años intentando asimilarme en el estercolero, vi 'amigos' humillarse por un poco de atención mientras yo esquivaba emboscadas familiares con suegras.

Lo único que les queda a las matriarcas, es quejarse de lo bien alimentado que estoy.

Se quejan de la barriga que tengo.

Es el precio de la libertad.

Mientras ellas gestionan su decadencia, yo celebro medio siglo de haberlas noqueado con mi silencio y mi autonomía.



sábado, 21 de febrero de 2026

Las ex amantes que no me dejan rehacer mi vida sin ellas

Elisa y Toñi no se conocen.

No saben nada la una de la otra.

Son dos amantes que tuve y el tiempo borró.

Creyeron que yo no podría vivir sin ellas.

Pensaban que sin ellas yo no tendría una vida que vivir.

Me quisieron hundir en lo más bajo.

Al punto de tener que rogarles humillado.

Cómo todas me ofrecieron vivir juntos.

Ceder mi vida para que ellas puedan disponer.

La promesa de abrirme el cerrojo social.

La puerta de par en par pagando por mis derechos.

La entrada en los círculos de amigos y los negocios en la intimidad.

Lo que no me contaban es cuánto tendría que pagar yo.

Estar todo el día trabajando para que la mayor parte de mi dinero pagara deudas y caprichos ajenos.

Cuando yo no acepté nada de eso ellas me persiguieron.

Se parecen a ese supuesto amigo que me quitó el derecho de tener mi hogar.

Elisa y Toñi no se conocen pero piensan parecido.

Si yo no voy con ellas no tengo derechos de tener una vida con otras.

En sus cerebros quedé pendiente como una anomalía.

Ponerse en medio de una calle o de cualquier calle sin que pueda transitar libremente sin su permiso.

Podrán dar calor a muchos hombres y mujeres...

... Pero nunca aceptaron que me pudiera marchar...

Que pudiera dejarlas en la estacada con un simple silencio sin adiós.

Pasaron décadas y nunca perdonaron semejante osadía.

Se entiende que cuando ellas eligen, los hombres elegidos han de obedecer.

Respetar la jerarquía bajo la batuta impuesta o morir en una cárcel.

Robarnos los derechos a los hombres para que hagan con nosotros lo que quieran.

Si no es con ellas no puedo ir con nadie o vivir solo sin necesitarlas.

Estoy obligado a necesitarlas porque ellas lo dictan.

Pero el caso es que yo nunca les hice caso.

Cuando vi que tenía que cortar lo hice limpiamente.

Las mandé a paseo y nunca más volví a dirigirles la palabra.

Y si después de décadas ellas no tuvieron la vida que les satisfacía, yo nunca tuve intención de satisfacerlas.

No soy un hombre cualquiera.

Nunca fui el perrito faldero o el marido florero que adorna la casa de una fulana.

Yo no era nadie para ellas pero me quisieron usar de proveedor.

Proveerlas para endeudarme.

Los bancos y sus círculos de amistades me tenían preparada la guillotina.

Mi nombre sería plasmado en hipotecas para hacer feliz a las puñeteras.

Pensaron que no me daría cuenta de lo mucho que me iban a obligar una vez firmara.

Conocer gente que no me interesa.

Pertenecer a círculos con los que no quiero negociar.

Ahogarme en una deuda de por vida que nunca quise tener.

Nunca tuvieron un momento de piedad para no acosarme.

Y a pesar de los años transcurridos, guardan amargura porque no tuvieron vida.

Ellas eligieron esas vidas de amores con pareja que ahora aborrecen.

Su vida no les dio vida y no pueden creer que la mía fuera tan fructífera en amores sin tener pareja.

Necesitan que yo tenga pareja para controlarme.

No pueden creer que tenga una vida tan sana sin haber tenido pareja.

Solo piensan en controlar la vida de un hombre para explotar sus recursos.

Un hombre al que no se puede controlar sus recursos, no sirve, según ellas.

Pero yo me río y me burlo de Elisa y Toñi.

Manipuladoras que tenían diseñada una mejor vida.

¡Supuestamente!. 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Vestigios de supervivencia de una ex amante

Le conté a alguien, no recuerdo a quién, lo que me ocurrió con una ex amante.

Mi ex manipulaba mi billete mensual del cercanías para obligarme a pasar por ventanilla donde estaba ella.

Me obligaba a hablarle.

Yo cada día cogía el tren cercanías de Torremolinos para atender a mis seres queridos.

A lo largo de los últimos veinte años tuve que dedicarme al trabajo de cuidados a mis mayores.

Cada mes compraba el billete mensual de Málaga a Torremolinos y el de Torremolinos a Arroyo de la Miel, para ahorrar cientos de euros.

Todo empezó un día que volvía a casa.

Necesitaba despejar mis pensamientos y mi cuerpo me pedía andar.

En vez de bajarme en la estación de cercanías de Vialia como siempre, me bajé en San Andrés.

Cuando necesitaba despejar lo hacía retardando mi llegada a casa.

Una de las veces que me bajé en San Andrés, al pasar los tornos, encontré que mi ex estaba en la cabina.

Nunca la había visto en las otras estaciones del cercanías.

Supongo que pidió traslados a las estaciones de Torremolinos y Vialia para tenerme cerca.

A esta acción la llamo ocupar toda la calle para no dejarme. 

Estando ella en la cabina de la estación de Torremolinos, mis billetes mensuales dejaron de funcionar en los tornos.

Me veía obligado a acudir a la ventanilla donde estaba ella para que me dejara pasar. 

Entrar y salir a Torremolinos se convirtió en un martirio toda vez que mi billete mensual no me abría los tornos.

Llegué a pensar que la individua lo manipulaba desde el ordenador de la cabina.

Pero años después me han contado cómo lo hacía para bloquearme en los tornos continuamente.

Yo tenía razón.

La mentecata buscaba que yo le hablara de forma obligada, forzado por la necesidad de atender a mis familiares.

Me hacía una jugada maestra de sabotaje físico.

Yo creía que ella bloqueaba mi acceso desde el ordenador.

Pero la realidad era mucho más artesanal y retorcida: 

Ensuciaba la banda magnética de mis billetes mensuales.

Pringando con un poco de grasa, un imán o simplemente estropeando la banda magnética con algo físico.

Así al pasar mis billetes por el torno de Torremolinos me escupía el error de lectura. 

Ahí estaba la trampa.

Me obligaba a pasar por taquilla para que ella me lo arreglara.

La excusa perfecta para tenerme delante, vulnerable, necesitando su ayuda para poder salir de la estación.

Una forma de control total usando un simple billete de Renfe.

Me tuvo así durante semanas.

Nunca consiguió doblegarme.

Mi actitud era distancia y vigilancia. 

Que ella me obligara a acudir a ella para abrirme el torno o arreglarme el billete, no cambió mi aptitud. 

Mi frialdad era el reflejo de cómo me trató en los años 80 cuando teníamos 21 años.

Es lo que más debía reventarle, ya que era alguien capaz de montar todo ese circo solo para forzar mi interacción. 

Buscó una reacción (que me quejara, que le pidiera por favor, que entablara una conversación).

Pero se encontró con un muro construido alrededor de mi persona para repeler mentecatas como ella.

Pasaba mi billete mensual, me daba fallo y me forzaba a ir a la ventanilla arrastrando esa desconfianza natural.

Yo sabía que dañaba mis billetes con alevosía. 

Billetes de mi absoluta propiedad que tenían detalles de mi DNI.

Era agotador pensar que cuarenta años después la mentecata continuaba en su juego.

Una agresora moviendo los hilos físicos (el imán, la suciedad en la banda magnética) y yo con la guardia alta.

Intentó arrastrarme con su mirada probando con eso que podríamos llamar "Encantamiento de gitana".

Pero ocurre que el tiempo ha dictado otra cosa.

Ese "encantamiento de gitana" no es solo mirar.

Es intentar hipnotizar, usar su fuerza de voluntad para anular la mía para arrastrarme a su terreno emocional. 

El tiempo, en lugar de desgastarme, confirma mi resistencia.

La amargada ferroviaria con toda la red a su favor, nunca dejó de ser una podenca.

No pudo moverte ni un centímetro de mi sitio.

lunes, 16 de febrero de 2026

Mi hermosa novia de la mili que nunca fue mi amante

Me avisaron de la mili por prófugo.

Me metieron miedo con eso.

Fui al campamento Benítez de Málaga y pregunté, pero no me detuvo la PM.

Me dieron un petate y un papel con la orden de presentarme en la estación del tren.

Tenía que estar el día señalado a la hora, o si no me irían a buscar.

Por entonces yo salía con Mamen, una chica de El Palo.

Era un jovencito de 18 años ya bastante espabilado.

Había hecho mis pinitos en Benalmádena Costa en las discotecas con mucho éxito.

Tuve buenas relaciones sexuales con extranjeras.

¡Triunfaba donde otros presumían de tener sexo!. 

Yo sabía que mentían.

Y de tanto que presumían, fueron desapareciendo de las discos.

Sus familias se tomaron muy serio el asunto de trasnochar.

Servían el trabajo en el hotel y después para casita.

Y lejos de Benalmádena Costa, las discotecas y los hoteles, conocí a Mamen.

Eso fue meses antes de ser llamado a filas conocí a Mamen.

Y se dio la Matrix de dejarme calentar los cataplines todos los días esperando tener sexo con ella.

Fue la primera vez que tuve una amante que no era mi amante.

Ignoraba de quién era amante.

Me tuvo ardiendo siete meses en los que llegué a preguntarme qué hacía con ella.

Apenas había cumplido dieciocho años y mis reflexiones carecían de un fondo experimentado.

A pesar de eso, nunca di crédito a lo que me contaban las mujeres.

Tenía algo muy escondido de mi naturaleza a punto de explotar.

Mamen nunca sopesó que pudiera ser un incontrolable.

Su único objetivo desde el principio fue mantenerme sin probar almeja.

Según los expertos es una forma de control sobre mi persona, por interés.

Se le llama "anidar en la cabeza".

Me lo contó un chivato.

Las damas quieren anidar en tu cabeza como en la mía y que nunca lo olvides.

Para mí fue un tiempo que olvidé y nunca escribí sobre ello.

Que era un ligón de playa con éxito y sin darme cuenta me vi saliendo con una beata.

Llegué a pensar que era una gran amiga y que cuando me fuera a la mili me daría el amor que me corresponde.

Y no fue así. Me ocurrió como a muchos otros.

Si sales con mujeres y piensas en sexo eres un canalla.

Pero si ellas tienen amantes ocultos, eso lo consideran válido, está muy bien.

Me hago la idea de que los amantes eran muchos del barrio, incluyendo al cura.

Ese era el sexo secreto permitido por las madres a sus hijas, las novias de los soldados quintos.

Éramos chavales llamados por las fuerzas armadas relacionados con mujeres que nunca nos hicieron el amor.

Engañados por las mentiras de las madres dando validez a las relaciones sexuales de sus hijas.

Las controlaban.

Hoy día también.

Y quien pasa por el aro se convierte en un peón de ese tablero de ajedrez.

A mí me madre le picó muchísimo el beso que le di de despedida a Mamen.

Seguro que lo sintió desproporcionado.

Yo era un crío de dieciocho años con varias experiencias importantes de verano.

Y aún no había aparecido del todo mi yo incontrolable.

Me llevaron a León, hice el CIR y a los dos meses volví vestido de soldado.

¿Qué hizo Mamen desde entonces?.

Yo era consciente y estaba aprendiendo de esa experiencia tan frustrante.

Si Mamen pensó que no me daría cuenta estuvo muy equivocada.

La mayoría de las relaciones de chicas jóvenes son con hombres ya casados.

Guardan esos secretos porque son amigos de la familia y de la madre.

Cualquier soldado raso era víctima de caer en esa trampa del embarazo.

Convencí a Mamen para quedar con ella y tener relaciones.

¿Sabéis lo que me hizo?.

Cuando nos desnudamos en la playa para hacer el coito, de repente se cerró.

Me dejó allí tirado como un pordiosero y se fue a su casa con su madre.

Yo me fui a mi casa porque al día siguiente volvía a León.

Le escribí cartas y le escribí poemas.

Ella me contestaba hasta que un día se quejó con fuerza.

Sin darme cuenta había salido a flote mi yo incontrolable.

En las cartas acostumbraba a escribir su nombre con los dos apellidos de sus padres.

Pero llegó el momento que en el de la madre escribía Serrano.

No sé por qué.

Tampoco conocía a una chica apellidada Serrano 😂 

Esto enfureció a la Mamen llorona controladora que se victimizó enérgica.

El apellido de su madre no era Serrano.

Mi yo incontrolable estaba haciendo de las suyas en la mili.

Lo de Serrano, surgió tal vez porque yo admiraba entonces la Torre de Serranos valenciana.

La dibujaba mucho en mis agendas donde escribía poemas.

Cuando acabé el servicio, volví y la llamé para que nos viéramos.

Nada más la tuve delante me echó un sermón y cortó conmigo.

La llamé pero no me volvió a coger el teléfono.

Un día me la encontré en la parada del autobús y se enfureció de verás.

Tenía preparada una gran artillería.

Me puso a parir delante de toda la gente mientras yo estuve callado sin decir palabra.

Reflexionando, mi yo incontrolable se dio cuenta que ella esperaba haber anidado en mi cabeza.

Así que sí charlatanería no era otra cosa que el deseo de ejercer el control sobre mi vida.

Mi hermosa novia de la mili que nunca llegó a ser mi amante quiso controlarme.

Quizás pensó que me plegaría a sus exigencias.

"Sí, amor, te quiero platónicamente y no volveré a llamar Serrano a tu madre".

"Sí, cariño. Lo haremos cuando tú quieras y cómo tú quieras, a tu manera y con los amantes que ya has tenido".

Pero mi yo incontrolable se quedó callado, cruzó el paseo del parque. 

Miró para la parada del autobús con frialdad y me llevó a bañarme a la playa. 

Muchas gracias, yo incontrolable. 

No me abandonaste tampoco frente a las que consiguieron anidar en mi cabeza 🤯

Mamen para mí fue un experimento.

Aún recuerdo cómo huyó a la hora de follar. 

Yo solo era el observador.

martes, 10 de febrero de 2026

Prefiero ser esclavo de mi propio abandono que pagar mi esclavitud con mi vida

Hace años que aprendí a no dejarme llevar por las apariencias.

Cuanto más confusas las veía, más probabilidades tenía de una vida de esclavitud.

Si me dejaba llevar por el supuesto amor, me arrastraría a la inconsciencia.

Darme cuenta del sitio que ocupo en el tablero de ajedrez de quienes serán mi familia es primordial.

Prefiero ser esclavo de mi propio abandono que pagar sueldos e impuestos lujuriosos con mi sudor.

Esta pieza de mi historia empieza después de años de ser amigos.

Ella decide tener relaciones sexuales conmigo intentando quedarse con mi futuro.

Sentía mi tragedia en mis momentos más tranquilos, que ella sufría sus cabreos para molestarme, sin permitir que tuviera paz.

Así me mantenía alerta para que fuera perdiendo la capacidad de reflexionar en soledad.

Ella tenía seis hermanas y un hermano.

Su amiga íntima tenía cuatro hermanas y un hermano.

Las madres de ambas amigas son como hermanas, amigas íntimas desde su juventud.

Tan íntimas como tener familias numerosas parecidas con casi el mismo número de miembros.

Supuse que no hubo casualidad.

Me refiero al aburrimiento de tener muchos hijos.

Obvio el objetivo de cargarlos a otros para poderlos alimentar.

En mi familia éramos tres hermanos pequeños en tiempos del franquismo cuando fuímos desahuciados.

Nadie nos dio un hogar donde vivir ni nos dejaron vivir en las cuevas donde vivían.

Han pasado cincuenta y dos años y nunca olvidé que la única persona que nos cobijó fue mi abuela.

Mi abuela también sufrió desalojo décadas antes en Melilla, lo mismo que nosotros en Almería.

En el dominó las piezas tienen que encajar, porque si no, alguien hace trampas.

Horror es sentir mi corazón palpitando cada vez que mi amante subía el nivel de exigencias.

Siete meses saliendo con una fuerte relación sexual y no hacía más que exigir.

Me quería suyo, exclusivamente suyo, en cuerpo y alma.

Nunca me preguntó por lo que yo quería.

Era una puñetera que me golpeaba con sus ñoñerías intentando derrotar mi resistencia.

Pero nunca lo logró.

Jamás la dejaría pasar sin nada a cambio.

Soy hijo de jefe de cocina.

He llegado a trabajar en los negocios de mi padre, desde niño, como un esclavo, dieciocho horas al día.

¿Qué satisfacciones he tenido?.

¿Qué satisfacciones me ha dado mi familia?.

Si no he recibido ninguna, sé que nunca recibiré satisfacciones de ninguna otra.

Pero esta mujer creyó que yo la agasajaría.

Creyó que era un don nadie, que andaba perdido y que me arrodillaría.

Sabiendo que por detrás su madre que la controlaba.

Pensó que no me daría cuenta.

Y ese día que exigió demasiado se peleó conmigo en medio de la plaza para que nos viera la gente.

Me faltó el respeto. Se victimizó.

Y cuando se marchó escupiendo maldiciones, yo ya tenía pensado no dirigirle más la palabra.

Tiempo después se dio cuenta que no la iba a llamar nunca más por teléfono.

Creyó que le pertenecía.

Se dejó ver completamente drogada en una playa donde yo ya tenía una amante.

Decidida a no dejarme seguir con mi vida, estuvo meses merodeando como una chacal.

Allá donde se dejaba ver, ella ocupaba toda la calle como si no quisiera dejarme pasar.

Un día yendo por el centro de Málaga, vi pasar al hijo de los Radas, la otra familia.

Lo seguí porque parecía que quería atrapar mi atención pero me arrastró hasta un callejón.

Aquello fue una estratagema para llevarme a un bar en ese callejón.

En ese bar me tomé unas cervezas con el Radas y me presentó al dueño del local, su futuro cuñado.

En la cocina trabajaban cuatro de sus hermanas.

Pero cuando intentaba hablar con el dueño, este se alejaba acomplejado.

No podía aguantar los muchos mimos que me dedicaban sus cuñadas.

Ni yo me iba a creer el foco de tantos mimos como para venderles mi alma, como el imbécil del dueño.

Pasaron veinte años que viví en el norte de España.

Y cuando regresé, pasé andando por la boca del callejón.

Vi al dueño salir del bar y quedarse mirando.

Su rostro era uno de tantos amargados por la vida.

Un peón cualquiera en el tablero de ajedrez de su familia, a pesar de ser el propietario nada le pertenecía.

Exactamente lo mismo que habían diseñado para mí.

Vivir como un esclavo siendo el perrito faldero de una trepa.

Yo me metí en un acantilado y no salí de allí en cuarentena años, en paz con el mar.

Me quisieron atrapar en la casa de mi cuñada con una alcahueta

Uno de esos días que solía ir a casa de mi hermano a echar un rato, la hermana de mi cuñada me quiso atrapar. Era un día raro que me encontr...