La mujer que más he amado era una alemana de Colonia.
Una dama exquisita cuyos aromas anidaron en mi cabeza y han perdurado durante décadas.
La conocí en mi época de mayor rebeldía.
De tiempos confusos que exigían un control absoluto de mis emociones.
La desconfianza de no dejarme arrastrar por mujeres que exigían mucho de mí.
A ella le escribí durante cinco años y ella respondió a todas mis cartas.
Estuve mucho tiempo esperando a que se dignara a aparecer por la playa.
Eran tiempos de confusión y yo solo buscaba lechos.
Tener muchas mujeres en mi lecho sobre mi pecho
Sin tener que aguantar las crisis existenciales o amorosas de nadie.
O estás conmigo o no estás contra mí.
Quien me dé problemas tiene la salida abierta.
Ella nunca me dio problemas. Era un pedazo de pan.
Pero el primer día que salimos de viaje me rompió mi cassette y no pude oír mi música.
Problema uno registrado.
A ninguna mujer le gusta ver la sombra de otra en mi lecho.
Me hubiese ido a vivir a Heidelberg con Christins años atrás pero no.
Mi chica preferida tenía el rostro de Colonia.
¡Vaya dilema para mis pretendientes!.
Tenía claro el rostro de mi amante.
Pero la más tonta se llamaba Sandra de Groenlo.
¡La típica bruja de cada verano!.
¡La del lecho de última hora y los lloriqueos!.
Da una oportunidad y si quieres más tienes que aceptar una relación de compromiso.
Mi más sentido pésame por el trato que le di de última hora.
La abandoné en el arcén de la carretera a pocas horas de marcharse.
¡Ni una sola palabra de despedida!.
De todas formas en mi mente siempre estuvo la de Colonia.
Y una bruja malagueña llamada Elisa.
Mi único fin es darles duro.
Repartir lo que se merecen.
Y cuanto más desprecien mi vida y mi libertad, darles más duro aún.
La que se acerque a cazar en mi entorno, será tratada con la mayor de las desidias.
Quien crea que tengo algo que perdonar, que vaya a confesarse a la iglesia.
Nunca abro mi corazón a personas que alguna vez jugaron con mi futuro.
La jerarquía social es una metáfora creada para anular la conciencia de los hombres.
El matrimonio crea comadrejas que avasallan usando las leyes.
Si las aceptas abriendo la puerta de tu casa perderás tu casa y tu conciencia.
El amor de hipoteca te hará pagar de por vida una propiedad que es tuya.
Quien paga una hipoteca con su mujer es un idiota.
Lo pagará muy caro.
Si eres una mujer y vienes a joderme la vida, joderé la tuya antes.
Si tu marido te hizo firmar una hipoteca, eres una pájara con tienes a tu marido en una jaula.
Si conociste a alguien que querías más de lo que quieres a tu marido, eres una miserable.
Las machistas nunca lo verán claro.
Todo depende de la situación del peón en el tablero de ajedrez.
Ninguna machista aceptará que exista otra mujer en los sueños de un hombre.
Ningún hombre va a aceptar a una mujer que sueña con otro que no es él.
Con Michaela nunca hubo problemas hasta que empezó a darlos.
Nos quisimos desde el amanecer hasta el anochecer durante quince días.
Nunca olvidé la noche que volvíamos caminando hacia la playa.
A petición de ella nos metimos por un carril llevándola en volandas.
Lo hicimos como quisimos en aquella oscuridad sin luna.
Se quedó grabado para siempre en la memoria.
Nunca hubo nada igual.
¡Nos volvimos totalmente locos!.
Hicimos cosas que no existen en ningún jardín.
Hicimos lo que quiso.
Y cuando se sintió dolida la envolví entre mis brazos.
Sin palabras la abracé fuerte en la más completa oscuridad.
Pegada a mí su cuerpo ardía.
Así volvimos caminando despacito hacia la playa.
En su tienda de campaña ella era la guardiana absoluta.
Como una esfinge cerraba la salida antes de mirarme al fondo y quedarse dormida.
Sabía que era suyo y no me iba a ir.
Yo la quería pero ella misma lo estropeó.
Si estás conmigo y te portas como una cretina, nunca te voy a perdonar.
¡Te echaré de mi lado!.
Si yo no juego con otras, no intentes jugar con otros.
O conmigo o sin mí.
No hay zonas grises ni salvadoras del mundo.
Se equivocó y no volví a abrirle.
¡Es lo que hay!.
El perdón para los sacerdotes que se trincan a las novias de los quintos.
¡Adiós para siempre!.
Yo seguí viviendo en la playa relacionándome con otras.





























