A lo largo de mi vida, he tenido muchas, muchísimas posibilidades, de mantener una relación con mujeres maduras.
Tuve la desagradable sorpresa de creer que ellas allanarían mi existencia sexual, según me contaban algunos amigos que, hartos de mujeres de menor edad que ellos, optaron por mujeres mayores.
Nunca me convencieron del todo porque, una mujer sigue siendo una mujer.
Tengo que decir que me sentí tremendamente decepcionado, de que ellas esperaran convertirme en un perrito faldero para mantener relaciones con otros hombres, sin contar que mi objetivo en la vida, no era tener un trabajo, hincharme de trabajar y comprar una casa.
También percibí que yo solo era una herramienta para ellas, lo mismo que para todas las mujeres.
Siendo más joven ni siquiera era mi objetivo mantener una relación cerrada de la que no pueda escaparme.
No quería que mi conyugue tuviera una relación constante con su familia.
Ni con su padre, ni con su madre, ni con sus hermanas o hermanos.
Para nada pensaba aceptar a un puñado de metomentodos en mi relación con una mujer.
He insisto: No he cambiado y lo ratifico.
Si eres mi mujer, ni tu madre ni tu padre entrarán en mi casa.
¡Lo que digan tus familiares me la suda!.
Así como en mi casa no entra ningún familiar, si quiere que entren sus familiares, que sea en la casa que ha pagado ella y no en la que he pagado yo.
Da igual la edad que tenga una mujer.
Necesita tener contactos con sus familiares a quienes les cuenta lo que pasa en nuestras relaciones.
¿Por qué tengo que aguantar que otros sepan lo que pasa en mi relación?. ¡No les incumbe!.
La labia de las mujeres es contar lo mal o lo medio bien que se portan los conyugues con ella al punto de convertir la relación en una revista de sociedad donde el puterío es evidente.
No sería la primera vez y la última que detecto en una relación la intrusión de la familia o de las amigas de ella, dando lecciones de cómo saber si soy válido para sus jugadas rastreras.
Sobre todo si son amigas de ellas con las que nunca tendré relaciones ni me interesan sus conyugues para una "amistad" grupal regido por el más gilipollas.
Mi aptitud con los años se ha calmado.
Hace tiempo que dejé de sufrir por la maldad de quienes quieren controlar mis decisiones imponiéndome obligaciones y compromisos de pareja.
Por eso mismo nunca tuve pareja pero seguí teniendo miles de relaciones eventuales.
No soy un tonto que fuera a comprometerse en una hipoteca de vivienda habitual de entre ciento veinte mil a ciento ochenta mil euros pendiente de amortizar.
Ni estar trabajando como un esclavo para pagar el préstamo de un coche de entre diez mil a dieciocho mil euros.
Ni tener tarjetas de crédito de financiación al consumo de entre mil a tres euros para deberle al banco entre ciento treinta y un mil euros a doscientos mil euros.
El amor está más caro que ir de putas a un puticlub sin deberle un euro al banco.
Claro que de esto no quieren hablar las mujeres.
Ellas buscan "el amor incondicional" en el que tú pagas aunque ella también pague.
Una pareja joven que acaba de comprar su piso, tendrá una deuda hipotecaria cercana a 180.000 €.
Una pareja de edad medio madura suele haber amortizado una parte importante, y, por lo bajo, como mal menor, tendrá aún una deuda de 60.000 €.
Si no trago con estas cuentas ya sé que mi conyugue me va a crear problemas.
Si estoy implicado y quiero abandonar por haber encontrado a una mujer mucho mejor, las leyes me lo harán pagar muy caro.
¿Por qué tengo que aceptar que otros manejen mi destino?.
Si me acuesto con muchas mujeres sin llegar a compromisos soy un canalla de medio pelo no válido para los círculos sociales.
Si la mujer tiene muchos amantes es válida porque socializa, según los expertos.
Cada cual que mantenga "su casa" como bien le convenga.
Yo nunca les voy a criticar.
La hipocresía social es un nido de víboras escondiendo lo que realmente pasa.
Y cuando se lo echo en cara a un válido que se está follando a una mujer que no es la suya, me quiere partir la boca.
Si al válido le digo las mujeres de su entorno que me he follado por la puta cara sin compromiso, se pone nervioso, no vaya a ser que haya caído en mis redes cualquier señora de su familia.
El amor de don Berrinche es equivalente al de la mujer que he tenido que abandonar tras detectar que ha recibido instrucciones de sus amigas y de su madre.
Con esa acción acaba de ponerme a prueba porque lo más desea una mujer, es que su madre la trate de igual en el mismo rango.
Que nadie se extrañe que después de eso se vuelvan tan amigas que sea la convivencia se torne en un futuro desagradable dictado por la madre e influenciada por las amigas.
Yo me salí de todo eso con contundencia pero entonces sufrí los estragos de la invasión de mi entorno que no querían que me escapara.
Yo tuve la oportunidad de probar ese caramelo cuando apenas tenía veinte años.
Los que pudieron ser mis suegros llamaron a la policía y pusieron una denuncia en mi contra, aunque en el juicio salí absuelto.
No ocurre lo mismo si las que invaden mi entorno para presionarme es la mujer y su familia y mantienen la presión durante varios años para impedir mi progreso personal o dejarme tocado.
Se lo dije a la policía y lo único que hicieron es mandarme a mi casa a dormir la mona.
Incluso me llegaron a gritar cuando les dije que quería poner una denuncia.
"¡O te vas o vas directo al calabozo!".
Y yo tan joven me fui de la comisaría antes de provocar una situación irreversible para mi futuro.
A los hombres nos quieren sometidos.




















