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miércoles, 22 de julio de 2026

Las mujeres no son mis amigas

Todavía me acuerdo de la Antonia peleando por no devolverme mi diccionario de inglés.

Las mujeres nunca fueron mis amigas.

La Antonia era mi amante entonces y nunca la consideré una amiga.

Se peleó conmigo en una plaza llamando la atención de los transeúntes a medio kilómetro a la redonda.

Es lo que tiene liarse con una lianta que ha vivido con varios hombres pero nunca ha tenido nada.

Se fue a su casa echando pestes como el apestoso del Señor de los Anillos: "Tesoro, mi tesoro".

A mí me jodió mucho verla así pero no soy nadie que vaya a arreglar el problema con lo poco que me pertenece.

Un par de días después fui a la calle donde vivía y me senté frente a su portal.

No quise llamar por el telefonillo.

Esperé ahí un buen rato hasta que vi llegar a la madre.

Ella me vio en la acera de enfrente pero no me dijo nada.

Llevaba más de una hora sentado cuando decidí levantarme y irme para mi casa.

Era obvio que ella me había visto desde su casa pero no bajó a encontrarse conmigo.

Esos juegos ya los conozco de sobra.

No me gustan.

Yo soy yo y no voy a dejar que jueguen conmigo.

Así que marché tal como había venido.

La Antonia ya había decidido montar un aparato en torno mío.

Para nada pensaba entrar por el agujero de esa aguja.

Como no era amiga mía no iba a perdonar las salidas de tono de una pobre fracasada 

Ya sabéis a lo que me refiero.

Yo quiero que lo mío siga siendo mío y no también de ella.

¡De eso nada!.

Yo defiendo que soy diferente.

No tengo que pedir perdón por esto.

Eso de conseguir cosas para nosotros no va con mi entendimiento.

A mí no me atrae ninguna dote, ni propiedad ni recompensa.

Simplemente no quiero nada de nadie.

No vivo mi vida por el "para nosotros".

¡Jóete, Antonia!

Decía que estaba haciendo un trabajo. 

Pero claro, si haces un trabajo se ve que la cosa no es "para nosotros" desde mi punto de vista.

La Antonia quiso volver tras unas cuantas semanas y usó gente conocida para engancharme de nuevo.

Fue patético escuchar a un conocido decirme lo que oí.

Me enfurecí mucho.

La Antonia era un coñazo liando mierda.

Conmigo no se juega.

Por supuesto no me iba a enganchar a una pobretona miserable que espera que lo mío sea suyo.

El nosotros solo está disponible para las mujeres según las leyes.

Seguro que siendo tan golfa el "nosotros" solo tiene valor cuando ella lo usa.

La mejor manera de que lo mío presente y futuro me siga perteneciendo, es dejarla retorciéndose en su esquina.

- Me largué con la mochila al valle de Aosta, Antonia. ¡Ahora alcánzame!.

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