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lunes, 27 de julio de 2026

Los hombres casados no son tus amigos

Yo no tengo amigos. Ni compinches. 

Los amigos y los compinches se quedaron en la adolescencia y en la juventud.

En cuanto las mujeres los anidaron con sus intereses guiadas por sus madres lo importante es hacer caja.

Me quedé solo haciendo lo que me daba la gana.

Si quería irme al pantano de El Chorro de acampada me tiraba meses sin volver a casa.

Cuando quería caminar por Francia, viajaba sin nada que hacer y pasaba un par de años.

Un día decidía ir por los Pirineos sin saber que los acabaría andando yendo por el norte volviendo por el sur.

Viví heladas muy grandes y sufrí nevadas importantes.

Viví en las grandes montañas sin tener pretenciosas queriendo que compre un chalet de pocilga.

Se puede vivir sin las famosas frases de amor de pareja.

Y sin marketing publicitario del mercado de esclavos para pagarle el nido obligatorio a una pendeja.

Estuve viviendo en la playa asando sardinas borracho de tintos de verano y cervezas 

Mientras los demás hombres sobrevivían cada día al asedio en el trabajo y de su pareja.

Me acostaba con rubias sexis impresionantes y despampanantes echando polvos como un demente.

Me volvía bizco con las morenas de coño peludo cerrando los ojos y perdiendo la razón en las corridas.

Nunca necesité de un puticlub ni pagar por sexo para sentirme un hombre pleno.

Los que me conocen me insultan por ser otro tipo de hombre.

Los abuelos me buscan para casarme con las hijas y limpiar algún deshonor del estatus familiar.

El orgullo tocado hundido en los fangos revueltos de la sociedad no borra mis revolcones sexuales.

No soy como los sacerdotes, que quieren ser ángeles celestiales pero follan por derecho a pernada.

Yo nunca he obligado a ninguna bella mujer a follar conmigo como una diablesa hambrienta.

Nunca me he casado porque el matrimonio es un estatus de grupos que esconden sus derechos a pernada.

No son como yo que me acuesto cuando tengo muchas ganas con quien quiero libremente.

Tampoco tengo que contarle a nadie con quién he estado para mercadear con sus trapicheos de favores.

La mujer que viene a mí no llega con una artillería de exigencias, excepto las malnacidas.

Muchos que me echan encima sus leyes no las cumplen.

Cuanto más controlan a sus hijas las madres más locas se vuelven.

A los hombres se los controla por la mujer pero a mí no me controla ninguna mujer.

La apología del esclavo que no se come una almeja y piensa que se va a hinchar casándose con la Bernarda de ocasión.

La virginidad tiene una chorrada tan impresionante de castigo como de manipulación.

Te hacen creer en unicornios y todo lo que estudias no vale absolutamente para nada.

Menos mal que no perdí mi tiempo estudiando, sino viajando y follando en plena libertad.

Si me hubiera casado hubiera sido por los hijos.

Para nada hubiera escondido que mi mujer lo hace con quien quiere.

Por eso ella en su casa y yo en la mía.

Que no pueda heredar ni sonsacarme nada mío.

Pero ocurre que ahí se van a meter los intereses de la familia de ella.

Personas que no tienen nada que ver en la relación de la pareja entrando de lleno en las relaciones.

Me vendían que eso no iba a suceder.

Me lo han vendido durante toda mi vida.

Antes que llevarme bien con quien me pone barricadas, mejor caminar solo por la vida.

Se me pasará el arroz pero veremos que cara ponen los suegros cuando la Tierra sea como Marte.




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