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miércoles, 5 de agosto de 2026

Señales de inteligencia en un cuerpo magullado

Muchos creen que he vivido una vida de lujos viajeros.

Los mismos que me señalaron de por vida para excluirme lloraron como perros.

No tuvieron bastante con verme sin trabajo y sin futuro me obligaron a huir.

Trabajando dieciocho horas diarias en las cocinas sin ver ni las propinas.

Varias palizas cada día haciéndome servir con el cuerpo magullado y el ego herido.

Cuando me fui pensaron que volvería con el cuerpo dolorido y los pies llenos de ampollas.

Pero con los años, las largas caminatas de cientos de kilómetros se convirtieron en mi forma de vivir.

Ya no se quejaban de haberme puesto tan guapo entre los 16 y los 18 años.

Que yo pudiera irme con la mochila a hacer caminos disfrutando de ello les parecía una afrenta.

Les salió el tiro por la culata.

Ya no podían culparme de lo que pasara en la cocina.

Se quedaron sin el dinero que yo ganaba trabajando para repartirlo entre ellos.

Las chicas que me querían estaban muy ocupadas haciendo amigos.

Por eso no se venían conmigo.

Las madres las vigilaban para que no cometieran la atroz equivocación de vivir.

Me habían hecho pasar mi niñez y mi adolescencia en un lavadero franquista reconvertido en casa. 

Y cuando entró mi juventud no me permitieron vivir en una casa para explayarme haciendo amigas.

Veía a las chicas vivir con viejos casados con el secreto permiso de su puñetera madre.

Hablando de derechos les parecía muy mal que yo follara con extranjeras.

Les pareció muy mal que follara con tanta libertad al punto de volverme inalcanzable para ellas.

Eso antes de meterse en la tienda de campaña a follar con el vecino y salir santiguándose.

Y el marido que se había ido a pescar al espigón de levante.

Que las hijas tengan novios con derecho a roce y a follaje. 

Para cuando tenga novio fallido tener al sustituto en el engranaje de la cadena de favores.

¡Aaaaaahhhh! Les duele que me tenga que ir.

La premisa que escupen es que yo no valgo para nada.

Yo me alegro mucho de ser inalcanzable para ellas.

Soy una especie de halcón buscando una presa para dormir calentito por la noche.

Unos buenos polvos nocturnos y por la mañana ir caminando al pueblo con un ojo abierto y el otro dormido.

Cansino de conocer chicas que quieren presentarme a su mamá en la playa.

Las mismas que nunca se vendrían conmigo a caminar con la mochila. 

Sus madres las aleccionaban para hacer amigos.

Yo no valía nada. 

 

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