Estaba solo porque lo mejor de la vida siempre me ha pasado solo.
Cada vez que me he dejado acompañar por algún amigo me he quedado a secas con el colega ejerciendo de perro que ni folla ni deja follar.
Por eso mejor siempre solo, mostrando mi cuerpo atlético a las muchachas de las piscinas.
Fue cuando apareció de repente Marina Guzmán, una gorda cordobesa de familia adinerada.
No me la esperaba. Me preguntó algo y a partir de ahí se puso a mi lado y cada vez la tenía más cerca hasta que me besó.
Yo no la rechacé. Besaba muy bien y era calidad. Pero pasaron los días sin que pasara a otro nivel y se le ocurrió invitarme a Córdoba.
Eso de invitarme a Córdoba era una forma de hablar.
Yo esperaba que me invitara a su casa y otras cosas.
Pero ya sabemos que las mujeres vienen con la nada bajo el brazo buscando pillar.
Fui a Córdoba muchas veces y me hospedé en hoteles o en el camping que pagaba.
Marina me decía cosas que nunca tenían razón de ser.
Me escribía cartas con alguna foto pero poco a poco siguiendo las directrices de su familia se distanció.
Hacía que viajara a Córdoba pero después allí nada de nada. Nunca me invitó a su casa.
Hizo que perdiera todo un verano de conquistas en la discoteca de los Maite con chicas mucho más atractivas que ella.
Me parece increíble la pérdida de tiempo yendo a Córdoba para nada.
Un día que me hizo ir a Córdoba estuvimos en la discoteca Galaxia pero antes de las 22 horas se tuvo que ir a su casa.
Entonces me fui al hotel y en el salón de la entrada conocí a Gloria Giró, una mujer bajita seis años mayor que yo.
Con Gloria follaba pero se comportaba con la misma distancia que Marina.
Días después nos fuimos al camping de Los Álamos en Torremolinos y pasamos una semana entera enrollados.
Incluso conoció a mis padres.
Y cuando volvió a Barcelona lo único que dejó fue escribirnos.
Lo hizo durante un año.
Nunca me invitó a ir a su casa.
Actuaba de la misma forma que Marina.
De la misma manera que todas las mujeres que buscan que uno le ponga una casa.
Vienen sin nada pero buscando hacer negocio con uno.
Lo peor es que cuando volvió al año siguiente había sido llamado a filas y el estrés me había hecho engordar.
Sin darme cuenta Marina y Gloria habían hecho que me alejara de la discoteca de los Maite, el Balmoral y los disco bares de la playa Santa Ana.
No sabía yo cómo había llegado a este punto de perderme mujeres guapas de otros países por culpa de una gorda y una bajita.
¡No me dieron ni agua!.
Para colmo llamado a hacer el servicio militar.
Gloria había venido a Málaga casi sin equipaje.
Lo mismo esperaba que yo la dejara entrar en mi casa.
La dejas entrar y lo mismo se queda a vivir en ella.
Su decepción fue que estaba viviendo en camping de Málaga por la depresión que tenía.
Cuando la depresión desapareció, adelgacé, pero ella hacía meses que había vuelto a Barcelona.
Años después pasé por su casa cargando con mi mochila camino de los Pirineos.
¿Ustedes creen que me invitó a subir a su casa y me acogió como yo la acogí a ella?.
Escuché el grito feroz de una mujer amenazando con llamar a los nacionales.
No me dio ni la menor muestra de cariño o empatía.
Me fui a más de cincuenta metros en la misma calle.
Desde allí veía su casa encima de un taller de coches.
Estuve un rato dándome un respiro.
Después cogí la mochila y me fui andando por la avenida viendo los escaparates camino de Las Glorias.
Ya sabes lo que buscan las mujeres.
Cuando vienen por mi casa yo no les exijo nada.
Cuando voy por la suya me tratan como un saco de patatas atormentado a porrazos.
Te dicen dónde viven pero difícilmente podrás entrar.
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