Oigo en mi cabeza mi existencia,
sonidos que fluyen,
que van y vienen,
que se mueven y me mueven,
que me hacen ser quien soy,
mis características, las de mi voz,
las de mi pensamiento,
otros seres y voces
que también soy y viven en mí,
entender lo que
a los amargados acompleja
cuando no les quedan
conceptos para hablar.
Somos hijos de un sol,
de algún sol que transgredió su luz,
envueltos en la materia oscura
de esos agujeros negros
que todo lo absorben y lo arrastran
con el poder de un sonoro
silencio abismal.
Somos hijos del Todo.

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