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miércoles, 6 de mayo de 2026

Los amores que no perdonan mi independencia y libertad

Algunas que nunca olvidan me mandan sicarias, lo mismo que intermediarias o alcahuetas, para presionarme y que nunca me sienta a gusto ni triunfal.

Les duele mi independencia, mi absoluta libertad, bien vestido, bien cuidado, bien sano.

Les duele que mi cabeza no tenga nidos, que ninguna mujer haya podido anidar, que nadie controle mi dinero ni me lo pueda quitar.

Me ven y enfurecen en barrena histéricas.

No me alcanza que ellas me puedan convalidar o no convalidar.

Incluso las más viejas, acostumbradas al privilegio de quién entra por el aro y quién no, mueren en la histeria.

Rabian como merdellonas.

Se sienten impotentes clamando al guion social la pérdida de sus privilegios de gachonas. 

Se les va la cabeza lo mismo que se les va a los enfermos mentales cuando se enfrentan a un sistema que no controlan.

Mandar al carajo a pretendientas es lo más talentoso que puede tener un hombre que se precie.

Todos sabemos que las mujeres están ahí para hacer de peñón pesado difícil de soltar.

No existe una sociedad donde las mujeres sean un escalón para escalar socialmente. 

Lo mismo ocurre con los hombres.

Llaman estabilidad a la familia pero no entienden la posibilidad de que tengamos otras familias.

Pero si observas, quienes dominan el mundo, son todos religiosos, y ninguno tiene un peñón llamado familia.

Que nos hagan creer que las personas más poderosas del mundo sean ricas, es un error que desenmascara el gran poder religioso.

Las alcahuetas son las banderilleras que rematan el último rastro del hombre que ha dejado atrás la adolescencia.

Es tan grave el asunto que hasta los mismo padres empujan a los chavales a sufrir los mismos martirios de vivir en su propio hogar con una bomba cerebral.

Cuando eres un soltero que las mujeres no tienen poder ninguno sobre ti, periódicamente se producen avalanchas para meterte miedo y te rindas.

Ya no es simplemente que no tengas derecho al trabajo que el mismo guion social se encarga de que no tengas derechos.

Es que cuando pasan décadas y has sobrevivido, las moscas sociales revolotean a tu alrededor para robarte tu rica miel.

Y cuando no pueden, entran en barrena en la locura de no poder cortarte el flujo de forma violenta tan mezquina, que procuran que caigas en la violencia para encerrarte.

Lo mejor es tu visión del asunto, cuando no caes en esa trampa y encima las dejas en evidencia.

Incluso las muchas mujeres que han estado observando el enfrentamiento se muestran enfadadas de que no haya triunfado la agresora.

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