Él era consciente de mi potencial como adulador de playa o ligue de verano, pero también como ligue de invierno.
El único que nunca se metió conmigo por no haberme visto nunca con una mujer.
Por algún motivo sabía que nunca me iba a enganchar con una fullera de barrio.
Un día me preguntó si no había tenido problemas de embarazo con las mujeres.
Entonces le conté un poco de qué iba la cosa y fue el único que me escuchó.
Nunca me insultó llamándome parguela o maricón.
Eso lo han hecho los amigos que no se han comido una almeja en su vida.
Por alguna rara razón mi amigo sabía que le estaba contando la verdad.
Llegué a tener hasta doce relaciones con chicas muy hermosas en los dos meses de temporada alta cada verano.
En julio y agosto la playa ardía de jovencitas buscando que le hagan un chequeo.
Por supuesto yo me ofrecía y nunca fallaba.
Mi amigo me dijo que tenía mucha suerte que no se me ha echado encima una embarazada.
Nos reímos por eso mismo.
Le pregunté qué iban a pillar de un hombre como yo, que vive sin propiedades.
Con no tener no tenía ni coche ni casa en propiedad.
Lo único que tenía era la mochila y la tienda de campaña.
Nos reímos mucho más cuando supo que sí que tuve relaciones con pocas fulleras de barrio.
Sabía que de haber alguna con ganas de robarme ya había pasado el tiempo útil.
Así que no creo que tuvieran un embarazo que no les iba a procurar ganancias materiales.
Mientras, la cosa del ligar me duró más de 30 años.
Ligaba muchísimo y cuando dejé de ligar, no ocurrió porque no quisiera.
Me rompieron los esquemas los problemas familiares que no eran míos.
Me echaron encima un peso enorme y me acosaron de tal manera que me llegaron a romper.
Eso teniendo en cuenta que las fulleras no olvidan una derrota en la vida.
Tuve que aguantar a individuos negados que no se comieron una almeja en la vida.
Venían a enseñarme a respetar el matrimonio.
Parece que mi vida les importaba una barbaridad.
Sobre todo a la hora de ofrecerme a la hermana, prima o cuñada solterona.
Nunca fueron capaces de entender cómo un tipo como yo estaba fuera del negocio social.
Se parecen a los perros que me veían entrar en la tienda de campaña con un culo gordo que acababa de ligar.
Los hijos de su madre venían a pedirme sal.
¡Coñooooo, iros al pueblo a comprar sal!
¡Déjenme enfrentarme a ese culo gordo que me he ligado en la playa!
Las fulleras de la playa enviando a sus guerreros a molestar.
Son las mismas fulleras que se manejan en los barrios.
Mi desprecio total por los que intentan negociar conmigo endosarme una solterona.
Por algo será que las miles de mujeres con las que he estado tenían mucho más dinero que yo.
He saltado los obstáculos que me han puesto las comadres y presentas.
He disfrutado de mi libertad sexual con chicas que viven en países lejanos.
Muchas se habrán reído con la idea de sacarme los cuartos que nunca tuve con la idea de un embarazo.
Yo he sido y soy todo lo contrario de lo que las fulleras de barrio pueden controlar.
Llegan sin nada con la idea de poner poner propiedades que nunca serán mías a mi nombre.
Clara referencia de que al dejarme prende, estaré obligado a pagarlas.
Y una vez pagadas serán aptas para quitármelas de las manos.
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