La artillería social y el peso de la endogamia grupal.
Esos amigos y mujeres que se intercambian entre ellos en el mismo círculo viciado.
Asedio matricéntrico para definir esas emboscadas con la madre presente, al fin de someterme como hombre.
Los tentáculos familiares bajo presión ejercidos por los clanes o grupos cuando la seducción individual falla.
La fachada del estatus que defienden las "señoras" del barrio mientras ocultan su historial amoroso con muchos vecinos.
Los peones de la validación moviéndose sobre el tablero de ajedrez.
Esos "amigos" que se declararon en mi cara solo para que mi amante se sintiera poderosa frente a mí.
El cepo del parentesco, el intento de meterme en el redil mediante la familia o el compromiso forzado.
El acoso de baja intensidad que hacen las mujeres tras la actividad sexual insinuando un embarazo.
Sobreviviendo a 50 años para no ser devorado por los clanes y la endogamia social.
Sobreviviendo fuera del redil, al fracaso matricéntrico y la caída de los peones del grupo.
Supervivencia frente al estercolero tras 50 años de emboscadas familiares, jerarquías de barrio y falsas señoras.
La emboscada que sufrí a los 35 años define ese momento en el que intentaron la expropiación de mi identidad
El silencio selectivo fue mi gran arma.
La decisión de no hablarles repercute como una retirada del reconocimiento diplomático.
La inmunidad definió que no reconociera el rango de la "matriarca" ni de la "reina del barrio".
Eso las desquició.
No es una crítica estética sino el último suspiro de un clan derrotado.
Tras 50 años intentando asimilarme en el estercolero, vi 'amigos' humillarse por un poco de atención mientras yo esquivaba emboscadas familiares con suegras.
Lo único que les queda a las matriarcas, es quejarse de lo bien alimentado que estoy.
Se quejan de la barriga que tengo.
Es el precio de la libertad.
Mientras ellas gestionan su decadencia, yo celebro medio siglo de haberlas noqueado con mi silencio y mi autonomía.
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