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martes, 3 de marzo de 2026

Las profesoras del amor fraterno en el cercanías de Torremolinos

Durante varias décadas me vi obligado a coger el cercanías de Torremolinos.

En mis viajes solían salirme profesoras de relaciones con el objetivo de llevarme al amaestramiento.

El gran problema de ellas fue mi inmediato rechazo.

Me incomodaban y me cambiaba de sitio sino conseguía echarlas de mi lado.

Un día me salió una chavala española acompañada de su marido extranjero que parecía no hablar español.

Lo insultaba descaradamente en mi cara delante de toda la gente y el hombre a pesar de sentirse mal le abrazaba.

Ella me contaba lo mucho que se querían con un descarado consentimiento por parte de él.

Yo no sabía por qué me contaba estás cosas.

Tal vez al verme solitario tan apañado metido en mis propios pensamientos le llamó la atención.

Siempre pensé que esta gente tenía en la cabeza la idea arraigada de profesar su relación como una religión.

Mal asunto querer mostrarme el amor fraterno sin decirme de qué vivía ella.

En otra ocasión, sentado en mi cubículo, me miraba de pie una de esas filomenas muy amorosas que se creen señoras.

Portaba un abanico bastante grande que agitaba con mucho cuento y bastante calor.

En cuanto se levantó la persona al lado de mi asiento, se sentó ella, y se creyó con derecho a roce.

Me senté más centrado en mi asiento y como no le hacía caso, la mujer se abanicaba echándome todo el chorro.

Le dije que dejara de echarme el aire y ella se reía explicándome su chorrada.

Se lo volví a repetir y se creyó con derecho a decirme lo que tengo que hacer.

Me levanté situándome en la salida contraria pero ella no me quitaba ojo.

Busqué una mujer de pie con un culo hermoso y me quedé mirando ese culo pasmao.

La reacción de la individua no se hizo esperar.

Los insultos hicieron que otras mujeres en el convoy se alarmaran.

La provocadora se bajó del tren en San Andrés escupiendo otro insulto despechada.

En cuanto vio que me bajaba para darle terapia ponía distancia haciendo que el tren no pudiera cerrar puertas.

La mandé varias veces con su puñetero marido y le dolió bastante a pesar de las apariencias.

La pobre sufriría lo suyo saber que no tiene preferencia.

Mi cara de pasmado mirando un culo que no era el suyo, le hizo saber claramente lo que pienso de ella.

Hay que joderse con las maestras del amor chucho.

Siempre llaman al querido para sentirse arropadas en sus fracasadas acciones.

Eso ocurrió a la mañana siguiente pero yo pasé olímpicamente de ellos.

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