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sábado, 29 de noviembre de 2025
Toda la amargura del mundo tiene nombre de mujer
Excursión de una semana por el Camino de Santiago Mozárabe
viernes, 28 de noviembre de 2025
Poemas míticos que deberías llevar en tu corazón
El pájaro Emigrante
Alguien se va,
alguien que tú amas y quieres,
alguien que siembra en ti
tristeza cuando se marcha,
y siempre,
durante su camino,
imperturbable,
alguien se pregunta:
¿Cuándo volverá a casa?.
Alguien se acerca,
alguien que sonríe a tu mirada,
a quien tanto anhelas
para abrazar fuerte
contra tu frágil pecho,
esperando que no sea un sueño
que se esfuma en la nada,
mientras te esfuerzas
con los ojos cerrados
para que no se vaya,
sabiendo que volverá a hacerlo.
¡Ay, mi amado pájaro emigrante!.
¿Por qué te vas cuando más deseo
tu definitivo regreso?.
Aquí tienes un hogar,
una seguridad y un amor,
que llora cuando más le duele
su corazón maltrecho,
escondiéndolo en las sombras,
donde no puedas verlo.
Amigo, viejo amigo,
viajero empedernido,
hombre imprevisto
que ha hecho de la mochila
tu eterna compañera
bajo muchos cielos
brillantes por el sol,
bajo muchos cielos grises
de cada día y horas placenteras,
cuando aúllas y gritas
clamando la libertad,
allá donde vayas,
donde nadie espera que vuelvas.
Brisa Infinita es mi libro con el título principal por encima de todos mis libros. En estos poemas confluyen casi todas las guerras que he librado para seguir siendo yo y no apartarme de mi camino.
Me han dado palos de todos tipos. Me han avasallado y han intentado que tome el rumbo que me señalaban.
He vivido la vida de forma desenfrenada pero controlada solo por mí.
He visto la inmensidad a solas sin sentir miedo, ni hambre, ni sed.
He amado con locura, y esa locura con la que he amado, me la han intentado quitar para que no la disfrutara.
Pero la he disfrutado y la he vivido intensamente, y seguiré haciéndolo, sin importarme las patrañas que me cuentan.
Cada día una lucha, cada día un poema, para espantar a los ilusos que te engañan con el mito de una vida nueva.
Prefiero ser un lobo estepario que una marioneta.
Prefiero dar besos que soñar con ver las estrellas desde una azotea.
Para eso tuve montañas, y como nadie se quiso venir, me fui solo, y así contemplé la galaxia.
Si quieres comprar este libro, toca la portada.
miércoles, 26 de noviembre de 2025
El cuento fantástico de la creación de un valle por dioses íberos creadores del mundo
Este es cuento fantástico de dioses malos muy malos y uno bueno muy bueno. También hay una princesa de una aldea ibérica de un reino mitológico.
La historia transcurre en un llano repleto de bosques junto al mar, donde la princesa enamorada, por amor, desaparece engullida por un espejo maligno.
Así de malos son los malignos dioses que no viven en el Olimpo.
Un cuento para adolescentes incrédulos con la naturaleza de los seísmos, los terremotos y los maremotos que construyen valles o los hacen desaparecer.
Un pequeño libro con sabiduría ancestral que hará soñar a los más pequeños.
El reino oculto que nunca fue encontrado pero del que todos hablaban.
Una Atlántida en pequeñito con una historia amoroso tan antigua como la creación del mundo.
Las madres siempre tienen la culpa.
Se lo puedes leer a tus niños pequeños y menos pequeños.
Si quieres comprarlo toca en la portada.
martes, 25 de noviembre de 2025
Un libro de relatos donde las mujeres son malas malísimas y los hombres buenos buenísimos
En realidad te estoy contando historias reales que me han ocurrido a lo largo de mi vida, un compendio de cómo sobrevivir a las mujeres sin usar la violencia.
He sobrevivido a mujeres que me querían atrapar en su red de influencias.
No me ha importado caminar cientos de kilómetros para poner distancia entre una mujer enfurecida que no consigue lo que quiere y yo.
También hablo de amantes que me dieron algún hijo, que por supuesto, probablemente, no tiene mi apellido. ¡Pero eso no lo sé ni me importa!.
En este mundo ya se pasa lo bastante mal cuando alguien interrumpe mi paz interna, como para ir buscando venganzas y otras payasadas.
Si me dan un beso y después me lo quitan, yo siempre cojo la puerta y me largo con viento fresco.
No he sido ni quiero serlo, como esos que sacan su ego romano, creyéndose las pelis que ha visto por la tele, queriendo reventar a otra persona.
La mejor opción siempre fue poner tierra de por medio, buscar la vida en otro sitio, conocer otras chicas que quieran besarte.
Y eso es precisamente lo que siempre he hecho yo.
¡A quién le importa!.
Un libro de poemas de amor que no te habla de amor sino de la dureza de la vida
Rayo de luna y nieve
Rayo de luna y nieve,
espíritu confuso,
solitaria al destacar el alba,
meciéndose en el lecho
de sueños y pesadillas,
sus ojos, unos ojos miraban,
por lo profundo
de querer ser amada.
Rayo de luna y nieve,
fría sobre la cama,
en una cámara cerrada,
sudando especuladora,
derritiéndose al pensar,
y llorar amargada y sola.
Rayo de luna y nieve,
cumbre silábica de una amapola,
ama sola queriendo ser acompañada.
Cuando alguien lee Poemas de Amor en el título de un libro, se piensa que el contenido es un compendio de acaramelados versos a la que los tienen acostumbrados los escritores vanidosos.
Nos enseñan que sin pareja te pierdes en la vida y en el mundo, que la soledad es mala malísima, que vivir solo es perderte en la nada.
No te cuentan los graves problemas que generan las ambiciones, los círculos cerrados de amistades, los rangos sociales ficticios, las intromisiones en las relaciones de personas ajenas.
Ni te dicen que pasa cuando vendes tu alma por un rango social del que es muy difícil romper, ni te lo enseñan en la escuela.
Este libro de poemas de amor habla de todo eso y los problemas que genera la lucha por la libertad y la no dependencia de un sistema que corrompe nuestras vidas.
Es fácil saber si los estigmas te obligan a permanecer en una relación que ya no quieres y cómo la otra persona te persigue para que los acates.
Todas estas cosas no te las tengo que decir yo, las tienes que leer en el libro para saber por qué ocurren.
Tu experiencia te lo enseña.
Si lo quieres comprar toca en la portada.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Si buscas un libro de autoayuda, ¿por qué no, uno que te cuente hechos reales?
Los libros de autoayuda suelen ser cuentos de iluminados que no iluminan ni la oscuridad de la noche.
En mis libros suelo contar cosas que me han pasado en primera persona, hechos con los que he tenido que lidiar por las buenas o por las malas.
Me considero un superviviente de estructuras familiares caóticas, llenas de anécdotas muy duras y dañinas que aún en la madurez siguen recordándome de dónde vengo.
No es psicología lo que más ayuda a enfrentar los miedos sino entender que lo del mundo real no lo detectas en ti cuando lo ves en cualquier película.
La educación no es más que el sistema que tiene el Estado para sacar conclusiones sobre nosotros que irán a una ficha de la que nada sabemos.
En esa ficha dice quiénes somos y con qué nos enfadamos, hasta chivata con quién nos hemos acostado durante nuestra vida.
Mi libro no es autoayuda pero ayuda, no te cuento cuentos.
Te hablo de cómo confrontar los miedos y las pesadumbres que en la vida diaria nos somete a un continuo test.
Si deseas comprar este libro, toca en la portada.
El libro que no quieres leer porque es una historia de la costa mediterránea española
Alfa & Omega: La leyenda de los acantilados de Maro, es el típico libro que no quieres leer porque no es anglo ni son brujas de inglesas.
Los anglos te han dicho que compres sus historias mitológicas nórdicas y no gastes tu dinero en los mitos españoles que conforman nuestra pensamiento mediterráneo.
Quizás piensas que nuestra mitología es menos antigua que la de los países nórdicos e ingleses. Pero estás muy equivocado.
La mitología mediterránea es mucho más antigua que todas las europeas, y mucho más fascinantes.
La leyenda de los acantilados de Maro es un libro que no ves bueno porque cuenta cosas nuestras, creada o inventadas, al fin y al cabo una gran historia de amor envuelta en la mitología clásica.
Pero tú decidiste comprar mitos anglo-nórdicos porque te crees que no te cuentan una milonga superlativa.
Te puedo asegurar que las historias y los mitos nórdicos y ingleses están copiados de los españoles, de los helenos y de los egipcios.
En este libro te cuento la historia de un libro mágico, de una venganza que trasciende los tiempos, de dioses antiguos que se ocultan en un árbol, en una isla infernal, o en el espíritu de un ser humano normalito.
Todo llega a su tiempo.
Si quieres comprar el libro toca en la portado.
domingo, 23 de noviembre de 2025
El libro de poemas que no quieres comprar porque siempre le pones pegas
Brisa
Hay en mi alma un velero
surcando allende
el océano inmenso
de la existencia.
En mi pecho hay un ave
que se llama Brisa,
como mi velero,
surcando allende
el cielo de mi existencia.
Quienes me ven libre,
me quieren prisionero
de la amargura y lo cotidiano,
de sus sueños huidos
esfumados de entre las manos.
En mi sienes tengo mi velero,
y en mi corazón mi ave,
que guía mi rumbo
allende mi pensamiento.
Cuando plasmé mis poemas en Ansiedad, lo hice con pocos poemas porque pensé que muchos poemas eran demasiado para según que lectores.
Este es un libro que muchos te dicen que no compres, mejor compra a fulanito que seguro que es un clásico y mucho mejor que...
Y así se aseguran de que compres lo que ellos quieren, lo que han leído pero no les ha aportado nada, ni siquiera libertad de pensamiento.
Sin embargo, en Ansiedad, yo te cuento verdades como puñales, no te cuento lo que quieres oír mi lo que piensas.
Para leer cháchara, puedes comprar a todos los clásicos, todos los autores que tienen detrás a las todo poderosas editoriales.
Yo soy un escritor humilde dentro de un poeta humilde. Nunca he necesitado que me valoren los demás para ser quien soy en la vida.
No necesito de un círculo ni de un grupo de personas para saber que soy importante para mí como ellos lo son para ellos mismos.
No paseo ningún ego por donde otros reciben premios y a mí no me dan ni agua.
Ansiedad es un libro completo, muy íntimo y muy expresivo a la vez.
No te cuento milongas ni cosas raras.
Tu experiencia es la que da a los poemas tu propia interpretación.
El amor no es un chocolate con churros que otros te han invitado gratis.
Si decides comprar el libro, toca en la portada.
sábado, 22 de noviembre de 2025
Me llamo Bruno (la vida que vivimos en el Siglo XX)
Les voy a contar un poco sobre el acoso y derribo hacia mi persona por parte de mi familia.
viernes, 21 de noviembre de 2025
La Sagrada Convicción social y sus graves consecuencias
Tengo la Sagrada Convicción de que esta lectura no será en vano.
Cuando tenía poco menos de dieciocho años, escribí uno de mis relatos más personales, donde describo la voluntad de irme lejos, y cuanto más lejos mejor.
Cosas que las mujeres no quieren que sepas cuando eres un hombre de verdad
1: Yo soy soltero por motivos personales y espirituales.
Siempre he echado ascos a las relaciones de compromiso, en las que me prometen que seré libre, pero me harán trabajar chorros, y ese dinero no será mío ni lo podré disfrutar.
Nunca he aceptado que alguien, diga ser mi pareja y exponga mis intimidades, a sus amigas y amigos, que no son gente con la que yo quiera estar.
Tampoco acepto que alguien que no soy yo, sepa con quién ando y con quién me acuesto.
2. No me interesa que hagan negocio conmigo, echándome en los brazos de sus amigas, por cosas rango social.
Ya sabéis a qué me refiero.
A la posición, el estatus o la jerarquía que alguien ocupa dentro de un grupo a través de ciertos comportamientos (relaciones, apariencias, amistades) que se usan para mantener o aumentar esa posición.
3: Me niego a tener relaciones, con personas que no quiero, como estatus de aceptación o influencia, que siempre viene acompañado, de manipulación o obligaciones.
Relaciones obligadas que me van a robar mi verdadera libertad.
Mis intimidades personales expuestas para beneficios de otros, que me van a crear un agujero en mi cuenta bancaria de miles de euros.
4: A través de palabras amorosas, me han querido obligar a trabajar de por vida, sin poder disfrutar de lo dineros que haya ganado.
A esto lo llaman amar pero solo se trata de escalar un rango social ficticio, sufriendo la amargura de los maridos consentidos.
11. Cuando me salía una pretendiente, la ponía a prueba, invitándola a ir de viaje.
12. Para entonces, ya la tenía sentenciada.
16. Abrí mis espacios para respirar y tener claridad mental, y eso me ayudó mucho.
Porque lo que digo de no ser “válido socialmente”, muchos dirán que, entienden completamente mi postura.
Que no es que yo sea menos, sino que, ciertos grupos y normas sociales, deciden quiénes entran en sus juegos, quiénes cuentan, y quiénes son “aceptados”.
17. Gente casada o con compromisos, definen el estándar social de todos, haciendo creer que si me mantengo al margen, lo hago siguiendo mi propia lógica y libertad, y eso no me da derecho a tener oportunidades, y una vida digna.
Pero yo sé que mi perspectiva, es tan auténtica y diferente, que no tengo por qué depender de validación externa, para vivir mi vida, y haber tenido mis oportunidades.
18. Ese contraste entre mi libertad, y las reglas sociales forzadas, han sido y serán, mi fuerza y verdad.
20. He disfrutado mareando la perdiz, a quienes entraron en mi vida, con malas intenciones.
Llegado el momento, he girado hacia el lado opuesto de los intereses, y no me ha importado vivir durante cuarenta años, en una tienda de campaña, sufriendo vientos huracanados.
Me quisieron hacer pasar por tonto, siendo una persona talentosa, con talentos variados.
Sufrí que no me dejaran ir, me acosaron, hablaban mal de mí, se metieron en mi vida, como si tuvieran derecho.
Mi amigo me explicó las claves del balonmano, y fui tomando conciencia de este deporte.
Las jugadoras eran todas muy atractivas, pero mantuve un nivel de distancia.
El equipo empezó a jugar muy distinto.
jueves, 20 de noviembre de 2025
Comentario en las redes sociales sobre el maltrato y el acoso a las mujeres jóvenes
"Dice la ONU que al 16% de las mujeres mayores de 15 años nos han tocado, abrazado y besado sin nuestro consentimiento. ¿Qué opináis?."
Celeste - ¿Dieciséis por ciento?. ¿A qué convento han ido a preguntar?
Josele - Te puedo contar una historia pero como tengo un libro casi terminado sobre machismo y me veo obligado a quitar una historia, pues voy a colocar la que me he acordado gracias a ti.
Celeste - ¿Algo sobre conventos?.
Josele - No. De la vida real.
Celeste - Pues ahora quiero saberlo.
Josele - Estoy escribiendo. Acabo de escribir la historia 22, que es gracias a ti que me he acordado de ella. He recordado lo que pasó. Pero voy a tener que borrar la historia 17 que es un hecho real que pasó a otra persona.
Celeste - Muy interesante. Un honor contribuir aunque sea un poquito.
Josele - Muchas gracias en primera persona. Tengo muchas historias que vi y viví, pero para que salgan tiene que haber algo que las motive. En este libro hay víctimas que son hombres y otras mujeres. En definitiva, machismo.
Celeste - Creo que puede ser una gran herramienta para educar a los hombres un libro sobre machismo escrito por un hombre con historias en las que también son víctimas. Interesante!.
Josele - Gracias por tus palabras. Espero que lleves razón, porque la sociedad necesita una vacuna, ya sea educativa o filosófica, que sea fácil de asimilar y que vaya produciendo cambios.
Celeste - Gracias a tí, Josele. Tienes mucha razón en eso.
Josele - Si lo piensas, todos hemos sido víctimas.
Celeste - Sí, muchas veces se trata de evitar que las víctimas se vean en la posición de cambiar a verdugos.
Josele - Lo malo es cuando desconoces por qué pasa un suceso. Ahí es donde yo entro por primera vez. A mí en vez de ayudarme, alimentaban la morriña y la agresividad. Lo que pasa es que soy un hombre.
Celeste - Es otra perspectiva.
Josele - Exacto. Otro trato diferente, pero es lo mismo.
miércoles, 19 de noviembre de 2025
Otilio, el don Nadie que se enamoró de una mujer prostituida
Otilio era uno de esos tipos duros nacidos en la posguerra, un don Nadie que solía robar gallinas y otros animales para revenderlos a algún avispado adinerado.
Era un verdadero delincuente que abusaba de las putas en los callejones oscuros y robaba carteras asaltando a sus víctimas en la oscuridad de la ciudad.
Un día hizo un trabajillo robando en un chalet y le salió tan bien que rebosó su cuenta particular con mucho dinero. Se creyó rico y comenzó a vivir como tal comprando una casa solariega con un pequeño jardín a la entrada del recinto y se paseaba por los cafés presumiendo ante mujeres de alcurnia. Pronto conoció a un hombre muy amable que se hizo muy amigo de él.
Poco a poco su nuevo amigo lo fue introduciendo en un círculo de personas con altos ingresos y conoció a un verdadero capo de la ciudad que pasaba por ser un gran empresario y casi sin darse cuenta el grupo lo absorbió como matón contra su voluntad.
Un día lo enviaron a sacarle los cuartos al dueño de un hotel y comprobó atemorizado cuan violentos eran los sicarios viendo cómo dejaron muy desfigurado al hotelero y hizo que echara la papilla de todo lo que había comido quedando su barriga revuelta asqueado de aquella violencia.
Agarró a su amigo por el cuello y este se revolvió poniéndole una gran navaja a punto de ser clavada en su estómago. Entonces comprendió que su amigo lo había captado y que aquello era un grupo organizado.
Eran los dueños de algunos de los mejores puticlubs de la ciudad. Llevaban una vida de lujo, secuestros y asesinatos. Comprendió que él no era ni la mitad de malo que aquellos matones, que solo era un delincuente común.
Ante su negativa a dar palizas lo colocaron de proxeneta a vigilar putas. Allí conoció a Magda, una puta de la que se hizo muy amigo hasta el punto de enamorarse de ella. Ella le contó que habían mujeres que se revelaban y desaparecían.
Llevaban una vida de deuda continua que nunca desaparecía. Aquellas que habían conseguido salir de aquel infierno tuvieron que abonar una considerable fortuna casi imposible de conseguir.
Un día se acercó al puticlub fuera de su horario y contrató a Magda. Pasaron una noche entera juntos y le pagó una gran cantidad considerable de dinero para pagar su libertad. Magda lo rechazaba pero Otilio la convenció para que se lo guardara y pagase su deuda.
Al otro día fue a su trabajo de vigilar putas y no encontró a Magda. Preguntó a algunas chicas dónde estaba pero no consiguió información, excepto de una chica morena que le dijo que le habían encontrado un montón de dinero y se la habían llevado.
Un Otilio enfurecido asomó por su rostro crispado. Fue a buscar a su amigo y sin contemplaciones le estrelló la cara contra un banco de piedra una y otra vez hasta que desfigurado le dijo dónde estaba.
Corrió hacia el muelle donde vio un yate precioso a punto de zarpar con el nombre que le había dicho su captador. Con una fuerza brutal asaltó el yate provocando un reguero de heridos ensangrentados.
Encontró al capo en el interior y sin mediar palabra lo arrojó contra los cristales de las ventanas una y otra vez hasta dejarlo casi muerto.
Se oyeron tiros y eso atrajo la atención de la Guardia Civil del puerto y sonó la alarma de zafarrancho. En unos minutos la guardia costera y guardia civiles a pie rodearon el lujoso yate, pronto se sumaron brigadas de la Policía Armada y todos apuntaban al interior esperando la orden de abordaje.
Empezaron a sorprenderse de ver salir a cubierta mujeres desnudas que habían sido violentadas, golpeadas, ultrajadas, muy delgadas con llagas profundas en sus cuerpos por las palizas.
Las ambulancias las abrigaban con toallas y sábanas mientras lloraban de miedo diciendo a los guardias que las iban a matar.
Empezaron a detener sicarios muy malheridos y los introducían en las furgonetas esposados a la espalda unos con otros.
Subieron a bordo observando la cubierta repleta de charcos de sangre y vieron salir del interior del yate a Magda siendo ayudada por Otilio.
Los guardias se abalanzaron sobre Otilio y le dieron un golpe con la culata derribándole al suelo, pero Magda lo protegió llorando pidiendo a los guardias que lo respetaran.
Un mando que estaba cerca lo oyó dio el alto y detuvo el acoso a Otilio. Los guardias se cuadraron ante su jefe y la mujer le dijo que él las había salvado, que las iban a matar. Magda no paraba de llorar y el mando aprobó las palabras de la dama.
- ¿Han oído a la señora?. Dejen a este hombre en paz y sigan buscando.
- ¡Sí, mi Comandante! - los guardias afirmaron bien fuerte y se cuadraron.
- Pues respeten. ¡Es una orden! - se cuadraron de nuevo y ayudaron a Otilio a levantarse con cuidado.
Lo esposaron y lo bajaron a puerto. No lo metieron en el furgón sino en una ambulancia para que fuese atendido por sus heridas no tan graves. Le esperaba unos cuantos años de presidio pero no le importaba. Sonrió por primera vez en su vida.
El día que tuve que presentarme en el campamento Benítez para la mili
No recuerdo cuando fue exactamente. Pero era verano de 1980.
Fui a ver a mi padre al bar donde nos reuníamos en Torremolinos. Alguien le avisó sobre mi servicio militar. Me estaban buscando.
Por entonces vivía con mi madre en el entorno de la Plaza de Bailén.
Tal vez vivíamos en la casa alquilada en calle Josefa de los Ríos.
¡Menudo rollo para mí!. Aún no había conseguido liberarme de todos los obstáculos que me impedían vivir, una vida itinerante de viajes.
Lo pasé muy mal en el lateral del campamento Benítez.
Los muchachos con edad militar, se agolpaban en la entrada esperando oír su nombre.
Algunos proferían gritos. Eran los objetores de conciencia.
Más tarde que pronto, me di cuenta lo que significaba para mí. Gritaban por sus privilegios.
La objeción de conciencia, era un escape para los hijos de familias conservadoras.
Intervenían a su favor la creencia religiosa, y los valores culturales y matrimoniales.
Ser objetor de conciencia era una fachada.
Siempre he pensado que, las personas que se benefician del régimen, los de más privilegios, deberían ser los primeros en dar un paso al frente, para defender sus privilegios.
Ya sabemos que en época guerra, siempre llamaron a filas para la picadora, generaciones de jóvenes de familias sin privilegios.
En un principio, no alegué mi discapacidad de nacimiento. Decidí ir a la mili. Tenía curiosidad por ver lo que se cocía dentro.
Al CIR me llevaron a principios del mes de diciembre de 1980. El campamento, el Ferral del Bernesga, a solo catorce kilómetros de León.
Fue una gran experiencia. Pero lo que viví después en la academia de caballería de Valladolid, un verdadero aburrimiento.
De haber encontrado un aliciente, hubiera vivido una vida militar.
Pero ser militar en aquellos tiempos, partiendo de soldado raso, no tenía un punto de conexión con la vida que yo esperaba tener para mí.
Soy un aventurero. Me importa un mojón la política y los políticos.
Pero tener que abandonar mis cosillas en la Plaza de Bailén para morir de aburrimiento en el escuadrón de tropa, no entraba en mis planes.
En las instalaciones estuve todos los días soportando a compañeros que, no se habían librado de ser llamados a filas.
Me contaban que tenían novia y se iban a casar. Como si con eso le otorgara derechos para librarse.
Creían que no tenían que haber sido reclutados. O sea, querían tener los mismos privilegios que la gente privilegiada.
Después los veías frente a la televisión, por las tardes, viendo la serie Verano Azul, llorando mocos por la muerte del Chanquete.
Entre el CIR del Bernesga y la academia de Valladolid, estuve cuatro meses.
No pasó ni un solo que no pensara qué hacer con mi vida.
Reflexioné si vivirla en los cuarteles militares o una vida libre como civil.
Por eso digo, que de haber encontrado un motivo trascendental, hubiera hecho carrera militar.
Pero no me dejaron ver el bosque, y me sentí totalmente decepcionado.
Volver a la Plaza de Bailén, fue un alivio. Tenía a mi madre.
Fui excluido de terminar el servicio militar tras presentar mi discapacidad natal.
Tardaron lo suyo en darme la libertad. Como si no supieran de antemano que era un discapacitado auditivo.
La sentencia final tardó tres semanas.
Mientras, fui acosado por los amargados que pidieron estar exentos del servicio militar.
Esos que decían tener novia embarazada y se iban a casar.
Los mismos que querían librarse proclamando tener un hijo sin estar casados.
En las calles del distrito de Bailén, se respiraba la vida con muchos problemas todos los días.
En el escuadrón de tropa sin embargo devoraba esos roscos azucarados que vendían en los cuarteles militares.
No engordaba miaja pero pasaba mucha hambre. A pesar de que en el escuadrón de tropa, la comida era una maravilla, hecha por cocineros profesionales.
Fue dejar la mili, y la chica del Palo con la que salía, empezó a crearme problemas. Pero esa es otra historia.
martes, 18 de noviembre de 2025
El hijo maltratador de un mando de la guardia civil.
Era una mujer con mucha humanidad, su marido era de lo peor del barrio. Bajito, engreído, abusador, ególatra, fascineroso, con una personalidad mediocre llena de todo tipo de traumas.
Las palizas y las borracheras con su grupo de amigos eran su festín semanal. De noche iban y escogían a cualquiera que encontraran por la calle, incluso chiquillos, los que maltrataban y les pegaban sin piedad.
Mantenía oculto que era un auténtico abusador. En los bares le temían porque tenía connotaciones de cruzarse sus cables cerebrales y dar una verdadera paliza a las víctimas de turno.
Era un verdadero desquiciado que usaba varas de acebuche o la pinga de buey. Y lo peor es que siempre salía indemne porque su padre era muy amigo de gran parte de la oligarquía de aquellos tiempos de los años cincuenta y sesenta.
Su grupo de amigos eran hijos de responsables de genocidio que llevaron a cabo miles de crímenes y desapariciones durante la guerra.
Le gustaban los coches de lujo y siempre tenía un amigo adinerado que le prestaba alguno. Contaba que con la mujer recatada y aburrida con la que tuvo que casarse nunca despegaría su amargada vida.
No tenía hijos, pero si los tuviera, su mujer no tendría tiempo ni para mariposear costuras con las amigas y vecinas del barrio.
Uno de sus graves traumas era no parecerse en nada físicamente ni a su padre ni a su madre. Por ello entraba en cólera muy violento cuando alguien le insinuaba que lo mismo era adoptado y no hijo natural.
Aquel que se atrevía a decirle esas barbaridades, seguramente no tenía aprecio por su vida ni muchas ganas de vivir.
Una vez se abalanzó sin avisar sobre un individuo atrevido sin que nadie moviese un dedo y lo apalizó sin piedad dejando un rastro de sangre difícil de limpiar hasta que el individuo tuvo la suerte de presentarse la Guardia Civil.
Los agentes detuvieron aquella paliza llevándoselo detenido, pero a las pocas salía del cuartelillo limpio y brillante, camino de su casa a donde apenas iba, para echarse en la cama bajo la mirada equidistante de su silenciosa mujer.
No le afectaban los remordimientos y cuando tenía suerte con los trapicheos, movía mucho dinero, porque el trabajar como que no le iba mucho.
Se sentía entonces muy señorito, vanagloriándose por aquello de la estirpe de la que según él procedía. Padecía lo que la mona jefe y a más de uno le había expresado que su verdadera vocación hubiese sido ser sacerdote, pero sin ganas de santiguarse todo el puto día.
Cuando el trapicheo le había ido bien, siempre tenía un inmenso tufo a alcohol por el abundante ron de caña que tomaba.
Repartía con su grupo de colegas y colaboradores las ganancias de aquellos barriles que cualquiera sabe de dónde procedían.
Se le veía contando el dinero de forma siniestra con desconfianza antes de repartir. Aquella casa y sus alrededores donde había tenido ocultos los barriles antes de venderlos parecía un recinto de campo de concentración.
De chiquillo lloraba cuando los niños grandes le pegaban sin tener la oportunidad de defenderse. Ahora el niño grande era él y se hacía lo que quería.
A su grupo le compensaba, a otros les daba migajas. Eran como una hermandad de hermanos en el grupo. No había primos, los primos eran los otros, sus víctimas. Era el jefe en aquella especie de grupo de delincuentes del pequeño mercado del estraperlo, el que organizaba y tenía el mando.
Aquel negocio poco a poco fue creciendo hasta convertirlo en un verdadero padrino con su banda de emprendedores, señores que recorrían la ciudad haciendo del trapicheo su negocio y de los negocios de otros su forma de dar salida a su producto.
Había comprado una casa nueva mucho más grande de dos pisos, en el mismo barrio. La vivienda estaba arriba y allí en los bajos tenían un garaje donde movían los toneles de curso ilegal que pasaban a legal. En una habitación pequeña con una mesa redonda en el centro, a puerta cerrada, el grupo tomaba decisiones a veces terribles.
Su mujer andaba siempre angustiada porque no podía salir sin que sus hombres la vigilaran. Prefería la otra casa donde su marido no iba nunca, porque en esta, tan solo con salir a la calle, los ojos de sus hombres y de todo el vecindario vigilaban sus movimientos. No tenía intimidad.
Los vecinos trinaban, estaban muy quisquillosos y malhumorados con los trajines de camiones en un calle tan pequeña. Incluso los domingos había carga y descarga de toneles.
Ella trataba de consolarse recibiendo en su casa a sus amigas a la hora de la merienda. Tomaba en sus brazos a las amigas y las abrazaba diciéndoles que su vida se había convertido en un infierno si antes no lo era. No aguantaba aquella casa tremenda ni los miles de ojos vigilando sus pasos. Pensaba coger lo necesario y irse con su madre.
Aquellas palabras fueron oídas por su marido que había subido a casa a darse una ducha y había estado oyendo lo que decían en aquella habitación.
Aquella noche ella apareció muerta en su cama. Nadie supo de qué había fallecido. No estaba enferma. Solo que aquella noche su marido hizo una pequeña fiesta en los bajos con sus muchachos y se ausentó durante cierto tiempo indefinido. Cuando volvió parecía más alegre que cuando se fue y la fiesta continuó durante horas.
El mafioso y sus secuaces no se habían dado cuenta que la policía y la Guardia Civil habían subido a los pisos de arriba por la puerta exterior de la casa, que siempre permanecía entreabierta.
Avisados por la madre de la mujer que había ido a ayudar a su hija a trasladarse a su casa, habían accedido a la vivienda encontrando su cadáver magullado y retorcido, tendido en la cama con evidentes moratones y cardenales por la paliza que le había dado.
lunes, 17 de noviembre de 2025
Manola, la maltratada que cogió el toro por los cuernos
Manola estaba charlando de su pasado con Lucas, un amigo que había conocido en un viaje. Se sentaron en la mesa de la terraza de un bar contándose lo que les había ocurrido en la niñez, la adolescencia y la juventud temprana.
Hablaban del trabajo de servicio doméstico que ambos habían vivido de alguna forma u otra, la falta de protección de las políticas sobre los trabajadores de este tipo de trabajos que siempre benefician a señoritos y gente pudiente.
Decía Manola que lo de cuidar personas mayores dependientes está muy mal pagado. Cuidar ancianos no está pagado ni está reconocido y suele ser un trabajo muy duro.
Ella empezó en estos trabajos a raíz de la crisis de 2008. Su empresa como muchas otras de seguridad, quebró. Empezaron a sustituir personal cualificado por auxiliares. La edad influyó y la empresa empezó por despedir trabajadores a partir de 45 años, precisamente la edad en la que ya nadie los quiere en ningún sitio.
Lucas tenía claro que la edad influye. Se lo había dicho a muchos que le excluían a él y ahora lo están sufriendo. Él fue víctima de ellos.
Manola también se consideró una víctima del sistema, no de nadie en concreto sino una víctima más, "soy superviviente y el que me la hace me la paga", le decía a Lucas.
Él la creía y siguió oyendo lo que ella le contaba, que había denunciado más de una vez a empresas y había ganado judicialmente lo que le intentaron restarle laboralmente. Porque no todo el mundo llama al SEPE para que le valoren un contrato y muchas cosas ocurren por nuestra propia ignorancia. Lo cierto es que tal como están las cosas cualquiera puede terminar en una tienda de campaña o en la calle.
En el mundo laboral existen los excluidos porque no les gustan las personas con ideas diferentes, porque yo con mi familia nunca tuve una buena relación, son profundamente machistas y retrógrados. Me da igual porque yo sigo con mis ideas y sin ellas no sería yo. Y el tiempo me da la razón siempre, aunque ellos no. Ni falta que me hace. Me la da el tiempo y el tiempo no se equivoca nunca, pero ellos se equivocan siempre.
Yo con treinta años tenía muy claro que si quería acertar tenía que hacer todo lo contrario de lo que me ordenaran y aconsejaran. La cosa empezó a ponerse fea cuando tenía 16 años pero yo la tuve fea siempre.
Me fui de mi casa con 19 años a causa del ambiente irrespirable. Ellos ordenaban y una obedece, pero lo cierto es que yo nunca obedezco algo que considere que no está bien, y me daba igual quién lo mandase, como si lo manda el Rey.
Dicen que soy una rebelde y cosas de esas... Pero no me acobarda decir que mi padre era un maltratador físico y mi madre una maltratadora psicológica. Rebelde porque no obedeces?. Con mi padre que me pegaba literalmente a diario. Llegó un tiempo en que él me pegaba pero yo a él también y mi madre en vez de defenderme tenía broncas todos los días. Aún así, no consiguieron nada de mí, porque tiene que ser lo que yo piense y decida y nunca lo que me digan ellos.
Lucas escuchaba con enorme atención lo que le iba relatando su amiga Manola. Preguntó si le pegaban a diario porque a él empezó a ocurrirle lo mismo. "Pues a diario, quizás día sí día no". Respondió que a él llegó un momento en que le pegaban todos los días.
Manola siguió contando que se escapó de casa con 8 años y la obligaron a volver, y eso dice bastante de ella y de ellos. Entonces no era como ahora que a los niños se les escucha y hasta los colegios intervienen en ello.
Por aquel entonces no ayudaba nadie. Maltratar niños y adolescentes salía gratis aunque el maltratador fuese un padre policía o guardia civil, nadie se atrevía meterse en estos casos.
Ella se volvió muy salvaje y por eso él le pegaba más y hasta llegó el momento que ella aprendió a pegarle también a él. Ese día le dijo la suerte que tenía de que fuese mujer porque si fuese un tío ya le habría matado. Pero ella sabía que eso no importaba.
Ella era una superviviente. A ella nadie la iba a joder, porque si lo intentaran ella les jodería. Todo lo que no nos mata, acaba por hacernos muy fuertes.
Lucas le dijo a Manola que él lo que hizo fue irse de casa porque lo que ocurría es que llegó el tiempo que le pegaban todos los días y no podía aguantar más.
"Hiciste bien. Te comprendo, yo tampoco podía aguantar más", le dijo Manola.
"Mis padres no vivían juntos", le contestó Lucas.
Le dijo Manola que sus padres sí vivían juntos y que por circunstancias de la vida vivían cerca de su casa, en su pueblo, aunque nunca fue a verles nunca más. Los vecinos hablan de ello pero eso a ella le daba lo mismo porque siguen siendo maltratadores.
Ella ahora tiene 50 años y nadie puede obligarla ni a quererles ni a aguantarles. Se fue con diecinueve años y en treinta años apenas los ha visto. Pasan por delante de su casa y los ve por la ventana o por el balcón, y a veces los saluda, pero a su casa no va nunca ni de visita.
Lucas le dijo que él si volvió a casa, pero de su madre. Volvió y cogió el toro por los cuernos y empezó a doblarle la cabeza con el paso de los años poco a poco. Y desde el primer momento empezó a vivir como a él le gusta, como ha querido.
Manola le respondió que había muchas maneras de retorcerles el cuello, porque su madre le ha dicho muchas veces que vaya, pero ella no va a ir. Es su manera de torcerle el cuello al toro.
"Pues mejor. Yo sí fui. Pero a verlo en un bar, no en su casa - le dijo Lucas - Y así todos los años".
Pero para Manola era distinto, ella pasaba totalmente de ellos y se los hacía saber con su actitud, que le importaban un bledo. Y de esta forma les jodía cien veces más que todos sus reproches. Lo hacía no por joderles sino porque eran tóxicos.
"El orgullo del viejo era que no quería ser cuidado por mí pero lo dejé estar en su pequeño local donde vivía hasta que murió" le contó Lucas.
"Ya está bien de sufrir por culpa de ellos, menuda infancia y adolescencia de mierda me dieron. A estas alturas, se mueren y a mí me da lo mismo" - respondió Manola.
"Se ponen los pelos de punta. Yo no gasté confianzas con mi padre pero en el bar donde nos veíamos me quería calladito. Poco a poco fui alterando la cosa y no le gustaba que yo hablase más de la cuenta" le dijo él.
"Pues para ellos es un bochorno que yo esté en el mismo pueblo y no vaya a su casa ni a verlos" dijo ella.
"Bochornoso para lo que dice la gente" contestó.
Pero todo el pueblo sabía que a las niñas mayores les pegaban. A ella más porque era más bocazas. Las leyes romanas que dictan que para los niños la conservación del apellido para las niñas trabajos esclavos y ninguneos. Puede haber algo más machista que eso?.
Para algunas personas ir a su casa, es como aceptar sin palabras que todo está bien, pero no lo está. Así es como Manola piensa y no va a ir nunca, se quedará en su modesta casa de alquiler mientras les jode con su sola presencia lo que les queda el resto de la vida. Un modo de anular el rollo machista arcaico aunque sea sin palabras.
Sé fuerte porque contra una persona fuerte no hay machismos ni abusos que valgan.
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