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viernes, 6 de noviembre de 2026

Con unos buenos amigos en Maro


Era el año 1983 que empecé a ir con frecuencia a la Caleta de Maro.

Cómo no, por aquellos tiempos fumaba porros con los amigos que también fumaban porros.

Tenía 21 años y vivíamos en tiempos revueltos política y policialmente y yo tenía una vida desconocida por vivir.

Éramos cuatro chavales del entorno de la Avenida de Barcelona, la calle Sevilla y Juan de Austria.

Había estado besándome con varias mujeres de los pubs alrededor del Hospital Civil, pero ya se sabe cómo son.

Con 21 años uno puede ser muy apuesto y tener un físico hermoso, lo que no quita que sea víctimas de cucarachas.

Besarme para decirle a las amigas que me han besado y sentirse mujeres es la versión más mezquina de las taradas que no se quedaban embarazadas de penalti.

La presión era enorme.

Habíamos dejado la adolescencia y nuestros padres buscaban engancharnos con alguna parienta que nos controle.

Había una que consiguió arrastrarme a los besos y las carentoñas pero la individua acabó saliendo con un feo de los cojones que trabajaba en la radio.

Así que no solo nos acechaban las idiotas si no también los maricas que se metieron en nuestra movida para engañarnos.

Nosotros cuatro nos íbamos al piso de uno de nosotros y nos hinchabanos de fumar y beber litronas.

Arriba no iban a subir los motoristas de la brigada acosándonos para que le diéramos el DNI.

En la Caleta tampoco.

Pasamos fines de semana trepidantes de baños y sol bebiendo litronas de cerveza y tintos de verano que comprábamos en los supermercados de Maro.

En unos de esos fines de semana los amigos dijeron que había otra playa con merendero al otro lado.

Fuimos por lo alto del acantilado hasta la Casa del Guardia y yendo por algunos campos recién sembrados llegamos a la carretera de la playa.

Bajamos corriendo de risa y en el merendero nos bebimos unas cervezas.

Entonces uno dice de ir a la cascada y estuvimos nadando un trecho largo hasta que curiosamente pisamos arena y andamos otro rato con el agua al cuello.

 La cascada estaba protegida por riscos que acumulaban arena y el agua nos llegaba por la cintura.

Allí estuvimos hasta que recibimos un palizón de la cascada de tanto meternos debajo.

Nos hacía falta un porrito y varios tinto de verano.

También el hambre apretaba.

Habíamos comprado para hacer un arroz con pollo.

Pero viendo el maravilloso paisaje nos iba a costar nadar mucho para salir de allí y caminar otro tanto para llegar a la Caleta.

Cuando llegamos a la Caleta nos pusimos rápido a hacer fuego, cortar el pollo y poner la paellera honda para hacer el arroz.

Y mira por dónde se acercaban las chicas enseñando culo con la intención de pillar cacho sin echar un polvo 

Lo bueno es que no la dejamos acercarse y las mandamos con su puñetero padre 

Ni siquiera compartimos el pitillo colocón ni cuando se hacían las graciosas pidiendo un cigarro.

Uno de nosotros que llevaba el cotarro la mandaba directamente a los tabacos en Maro.

A no, que eso no va con ellas porque se entiende que nosotros las tenemos que proveer.

Pues lo siento mucho.

Mi amigo el cotarro acotaba nuestro espacio espantando chochos agarrados que solo follan con los curas de su parroquia.

Comimos arroz a destajo y pollo hasta dejar las sobras para tirarlas al mar.

Los pececillos nos daban las gracias mientras lavábamos los platos con el agua hasta la cintura.

Había comida para un batallón de ellos.

Por entonces la Caleta no estaba tan castigada por las resacas.

Había mucha arena fina para caminar entre las rocas sumergidas y llegar bien lejos.

El acantilado se ha ido comiendo la playa y llegará el día que será una caleta muy pequeña.

Por encima de nosotros había entonces un campo sembrado de melones.

Cogimos un melón y lo devoramos.

Ese campo se hundió por el oleaje y fue desapareciendo con el paso de los años.

Cuando cambié de playa y me fui a la playa de Maro, lo hice para no volver a la Caleta.

Solo estuve cuatro años corrompido por los porros. 

En cuanto dejé de fumar incluso tabaco, volví a jugar con los ligues en la playa y a salir con chicas cachondas.

En cuanto veía alguna beata calienta braguetas salía espantado para alejarme de los chochos encogidos.

"¡Quita, quita!. 
¡Aléjate de mí, bruja satánica!."


Encuentros de poliamor para solterones

Yo nunca he pensado que el matrimonio sea malo.

Yo lo que digo que la mayoría de hombres que se casan es porque estaban a dos velas.

El arroz se pasa y sigue estando bueno.

Pero si se pasa más de la cuenta se torna pastoso y entonces puedo producir galletas de arroz.

Si el arroz se quema se habrá vuelto cadáver.

Se ve muy femenina la frase "Se te va a pasar el arroz".

Te lo dicen para que te tortures y tomes una decisión de fuerza mayor: O ellas o ninguna.

Lo que pasa que si eres un hombre con poco físico te mirarán la polla, y si funciona, la tienes en el bote mientras seas su esclavo.

Que se pase el arroz no tiene nada de malo, y si te vuelves pastoso, échate encima miel y emborráchalas.

No hay mejor solución en un matrimonio de llorones.

Al fin y al cabo ella va a tener a sus folla-amigos cerca y te va a hacer creer que sus mujeres son tus    folla-amigas.

Esto quiere decir que el 90 % de la gente no piensa con el cerebro estomacal si no con cerebro sexual.

Son capaces hasta de confundirse de agujero creyendo que un hombre travestido es una mujer, pero las feromonas no son iguales y los "feromonos" no existen.

Cuando a una mujer le hablas de otras mujeres con las que has estado, la irritación te dice lo poco que te ama y lo mucho que quiere romperte la cabeza.

Los hombres llorones suelen poner a las mujeres con las que se han casado en evidencia en redes sociales.

Pero si se han casado con ellas no creo que fueran obligados a ello.

Hay que ser muy tonto para creer que cuando una mujer se pelea, no tenga otro con relaciones detrás.

No he conocido a ninguna mujer que, teniendo relaciones con otros hombres, me quiera mantener bajo su auspicio y protección sin poder mojarla con otras simplemente por compromiso.

Aprendí que yo no tengo por qué esperar a nadie.

Las mujeres se creen que vamos a estar en este planeta eternamente cuando a la vuelta de la esquina será tan árido como y vacío de vida como Marte.

También aprendía a no dar acceso a mis finanzas a ninguna mujer.

Soy de los que creen a pies juntillas que si la mujer no me financia, no me quiere y nunca me querrá.

Eso de "Alquilamos una casa para vivir juntos", es el sueño de todo chaval hasta que se vuelve pesadilla.

Si has involucrado tus finanzas con las de tu mujer, te has habrás hecho el harakiri financiero y tu supervivencia como hombre no depende de ti.

La familia te puede parecer muy buena pero en ese tablero lo mismo eres el peón o el último mono.

Eso quiere decir que tu suegra te deja claro que del felpudo para dentro "No es la república independiente de tu casa".

Cuando un hombre pierde todo, se agarra a los hijos y esa frase "Todo por mis hijos" no suena como ellos piensan cuando la dicen.

No seas tonto. ¡Cásate para mantener las finanzas de tu mujer!.

Como se te ocurra abandonar el redil, te caerá encima la ley, no porque seas polígamo o poliamor, sino porque te obligan a permanecer en la tumba que tú mismo o misma, te has cavado.

Si pensabas que ibas a tener libertad y follar como un desalmado, te equivocaste de mujer.

Decir que "solo se vive una vez" no sirve.

El matrimonio es un negocio.

Lo peor es cuando los socios no se llevan bien.







Con unos buenos amigos en Maro

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